LA SOLEDAD DEL PROFESOR…


Llamamos profesor a aquella persona que transmite valores, técnicas y conocimientos específicos sobre un área o disciplina académica de la ciencia o arte facilitando obviamente, el aprendizaje del estudiante.

Tras haber impartidos la programación exigida en la materia, el profesor somete a prueba a sus estudiantes, espera conocer el nivel de implicación y aprendizaje de cada uno, pero ¿cómo se siente a la hora de evaluarlos?

Inicialmente, se siente contento, feliz, relajado. Es consciente del trabajo realizado. Confía en que sus escolares hayan adquirido a perfección los contenidos vistos, por lo consiguientes, la mayoría para no decir todos, obtendrán buenas calificaciones.

Durante el tiempo del aprendizaje, nacen vínculos considerados, en ocasiones, familiares entre el discente y el docente. La relación deja de ser “profesor-alumno”, surgen comportamientos de padre e hijos, hermano entre hermanos, amigo entre amigos. El docente deja de ser el sujeto que solo viene a impartir conocimientos científicos y se convierte en guiador, consejero, mentor, conductas que fortalecerán cada vez más su unión con los estudiantes.  Crean una estructura familiar que a la hora de finalizar el año, nadie quiere separarse del otro. Y si deciden hacerlo porque es necesario, surgen lágrimas.

Llega el momento de confesión de resultados. Le toca al profesor dar a cada colegial sus cosechas durante el año. Antes de hacerlo –dictaminar las notas-  el educador se somete a una tremenda presión interior, se queda triste, angustiado. No tanto por los resultados. Tristemente porque  “se separará de sus estudiantes”, amigos, colegas. Se siente solo interiormente como un padre huérfano de hijos.

En soledad, se llena de desolación, de pena; siente en estos precisos momentos  la ausencia de sus estudiantes queridos, su nueva familia. Tendrá la mente nublada de  lindos recuerdos, momentos  compartidos en el aula, bromas, risas, reflexiones, reprimendas, ayuda, momentos de socorro.  

Angustiado, afligido se le ve porque en unos minutos, en unos instantes, le dará el último “adiós” y hasta más a sus estudiantes.

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